EDUCACIÓN
POR GONZALO TERRA Y MAURICIO CAVALLO
del diario La República - Montevideo
Mujica cuestionó los corporativismos, la actitud de algunos funcionarios del Estado y la falta de solidaridad de la sociedad, atada al consumo desmedido.
A lo largo de este año algunos corporativismos han sido duros: cuando quiso reformar el Estado se opuso COFE, cuando se reestructura AFE el sindicato protesta y lo mismo ocurrió con Secundaria y el programa Promejora…
–Lo que sucede es que en este país, con una visión socializante, hemos contribuido a educar y formar mal a camadas de militantes sociales que son un capital del país, pero se creen que con la estatización nos acercamos al socialismo o algo parecido. Creo que históricamente el Estado ha terminado siendo el enemigo número uno del socialismo. Una cosa es estar contra la explotación del hombre por el hombre mismo, y yo lo estoy aunque no lo pueda resolver, y otra cosa es tragarse la pastilla de que el Estado termina con las clases sociales. Entonces se termina procesando una tremenda injusticia que quienes están fuera del Estado tienen que cargar con un derecho laboral muy distinto al que tienen quienes están dentro del Estado, y se crea como una casta de hecho, sin que nadie se lo proponga, con ciertos beneficios a costas de los demás. Y esto es bastante injusto. De todas maneras no es lo general porque por suerte los hombres tienen excepciones en todos los órdenes y dentro del Estado hay gente que mantiene el fuego prendido y van para adelante y no necesariamente son de mi pelo político. Hay trabajadores del Estado que tienen una dignidad funcional tremenda. Son verdaderos servidores públicos. Pero hay un montón de cosas que deprimen al conjunto de la gente, entonces da lo mismo una cosa que la otra y eso les hace mal a ellos mismos porque los lleva a una vida vegetativa y esto le hace mal al país también. Entonces sí, frecuentemente se cae en corporativismos porque se producen circuitos como de demagogia.
El proyecto para AFE ha sido cuestionado por privatizador…
–¿Cómo vamos a decir la privatización de AFE? Primero porque no existe el capitalista loco que sea capaz de comprar ese montón de herrumbre. Eso no se puede privatizar porque no existe. No hay quien cargue con ese bagayo porque es invendible. Pero además, hace rato que el transporte de carga está privatizado porque hay como 24 mil camiones que son todos privados. Asimismo: ¿por qué el derecho privado?, pues porque para hacer negocios no le puedo pedir permiso al Tribunal de Cuentas, hay que tomar decisiones rápidas. Pienso que deberíamos modificar el derecho público, ¿por qué tiene que ser una herramienta ineficiente? El capitalismo, para defenderse, operó para obtener ventajas quitándole competitividad al Estado y entonces el derecho público, con la apariencia de una aparente seguridad, termina siendo un gordo bobo que no le compite al sector privado. Como sociedad tenemos que reaccionar frente a eso. ¿Hasta cuándo vamos a tener la escalera del burro, hasta cuándo vamos a aumentar de categoría por el hecho de envejecer? Puedo estar 35 años de portero sin dar un concurso y resulta que voy subiendo porque estoy envejeciendo y no me rompí el alma para nada. ¡No puede ser!
Envejecer es un dato de la naturaleza.
Usted ha cuestionado la sociedad de consumo y ha apelado al voluntariado. Sin embargo, el consumo aumenta y sus llamados al voluntariado no parecen haber tenido mayor éxito.
–Nunca se podrá transmitir lo que no se tiene. Nadie puede exteriorizar lo que no lleva adentro. Las sociedades modernas son muy crueles. Cada vez se necesitan más cosas para vivir. El motor de las economías capitalistas contemporáneas es fomentar el hiperconsumo y si éste no existe la economía se para. Ahora tenemos un gran problema: debemos sujetar la inflación porque se nos disparó la yegua del consumo.
¿Controlar la inflación es la mayor preocupación del próximo año?
–Es peligrosa. Estamos en cifras razonables. Si comparamos con la historia del país no es nada desastroso. Pero es un proceso en el que tenemos que tomar medidas activas porque termina siendo una expropiación de los pobres, sobre todo de los que tienen salarios e ingresos fijos. Se bajó bastante el nivel de pobreza y se distribuyó bastante mejor, se le dio más a los más débiles pero podemos perder todo eso si tenemos una escalada inflacionaria.
Volviendo al tema del voluntariado, ¿por qué no tuvo tanto eco su llamado?
–Tal vez hemos perdido generosidad. Algunas instituciones han desaparecido. Cuando yo era joven, los sábados y domingos teníamos alguna changa: comer algún asado o puchero en lo de algún amigo que hacía una planchada de una casa y se le daba una mano, eso no se hace más. Se ha ido fragmentando la solidaridad espontánea, parece que cada cual está más encerrado en lo suyo. Han desaparecido los viejos boliches, las nuevas generaciones no van al boliche, no sé sí para bien o mal, pero se pierden la relación del primer sindicato que es el boliche, son cambios sociológicos. Yo lo constato nada más.
Usted ha aportado dinero de su bolsillo para el Plan Juntos, pero ha obtenido poco resultado porque no ha logrado captar la atención de otros jerarcas.
–¡Ah no, jerarcas no! Pero esto yo lo conozco, desde que fundé el Fondo Raúl Sendic tuve bajas por eso, por meterle la mano en el bolsillo a los diputados. Pero hay gestos solidarios que son importantes, por ejemplo, los muchachos de la FEUU que quieren organizar la participación de mucha gente en Plan Juntos, la gente del Sunca también se está arrimando. Un señor donó dos hectáreas y medias en La Teja para hacer un barrio nuevo. Hay cosas que son muy interesantes. Pero nosotros no hacemos algo para cortar cintas, porque no es un plan de vivienda sino una lucha por rescatar gente que está en el fondo. Hubo planes de vivienda en el pasado, pero después terminaron vendiendo las puertas en la feria. Pero lograremos lo que podamos y a los que critican yo les digo: usted que lo critica, hágalo mejor.
Otro tema sobre el que a lo largo de 2011 se ha hecho hincapié ha sido la educación…
–Tenemos un problema grave y de carácter inmediato. No se puede pensar en un país productivo si paralelamente no se lleva una batalla permanente por la capacitación tecnológica del grueso de la población y acá tenemos una vieja discusión porque culturalmente somos muy afrancesados por una vieja herencia. Tenemos la discusión como si la humanística estuviera en contra de la tecnología o la tecnología en contra de la humanística, sin ver que también por el lado de las matemáticas termino en el campo de la filosofía. Esos mundos no son contradictorios. Ahora, si miro con sentido realista desde el punto de vista político y veo que hay un montón de padres que hacen toda la noche una cola para asegurarle a su hijo un lugar en la UTU, me están dando un mensaje. Me están diciendo que quieren eso, que les demos conocimiento a los jóvenes para que trabajen. Tenemos que dar esas respuestas porque no puede ser que venga una papelera y no tengamos soldadores porque en el país no los preparamos y tenemos que salir a improvisar o hacer cursos. Creo que la revolución neoliberal también le pegó a la UTU. En el año 2000 se le dieron algunos “saques” que dejaron una gran cantidad de cursos por el camino. Había un Instituto de Formación de Maestros que en 2004 se detuvo. Desaparecieron herramientas, se volvió a retomar en 2009, nos perdimos 4 o 5 años en formar maestros técnicos. Creo que a la UTU la hemos tratado como a un hijo bobo, está todo primero y la UTU queda como el último orejón del tarro.
¿Fue el país de “M’hijo el doctor” el que desprestigió a la UTU?
–¡Ah, sí! Hay que ser universitario, hacer una carrera, tener chapa en la puerta… No estoy en contra de eso, el mundo material necesita otra historia. Pero en el campo del conocimiento no hay un solo camino sino múltiples variables.
Es la propia izquierda la que ha planteado reparos a la propuesta de expandir y profundizar la actuación de la UTU…
–Sí. No sé. No puedo juzgar, estamos en un momento de mucha reflexión, idas y venidas, que no puede ser infinito porque no podemos estar discutiendo toda la vida, hay que patear y salir con algunas cosas. Eso hay que hacerlo y sobre todo hay que esforzarse por inventar la forma de lograr que esa franja de 100 mil chicos que tienen poco interés, se metan en la danza. Si no los incorporamos con la UTU, entonces sí que será bravo. Me podrán decir que un muchacho al que se le enseña a soldar o electricidad elemental no tiene una formación integral y tienen razón. Pero miremos que no tienen nada y sino le doy una herramienta lo dejo perdido en el torrente de la vida. Si le damos un instrumento para que consiga trabajo, esto ya empieza a ser una escuela también. No es cuestión que por hacer lo mejor no hagamos lo imprescindible.
¿Siente que la seguridad pública es un debe de la gestión?
–La seguridad se viene trabajando bien aunque es un tema muy difícil. La Policía ha mejorado mucho, pero la sociedad tiene enfermedades. Se está agrandando el horizonte del mundo delictivo. Pero tenemos problemas en las cárceles. Hay lugares en los que a pesar del esfuerzo cuesta avanzar, las cárceles dan vergüenza. Mejoramos en el INAU, pero tenemos que hacer mucho más. Utilizamos poco el convencimiento, le estamos perdonando a toda la prensa, la televisión, que no se pelea en el campo de los valores.
Vemos a veces a una juventud tal gil, tan salida del cascaroncito que se termina arruinando la vida por pavadas. Esa juventud necesitaría sentarse en un boliche con unos viejos para que les digan: “No seas belinún, que tenés lo mejor de la vida que es la juventud y que sos capaz por un cañazo de estar estropeando la aventura de jugar en la vida. Te crees que sos un vivo y sos un terrible nabo, vas a ser una rata de cárcel”. Esa conversación intergeneracional no existe, los viejos se lo tienen que decir. “Vivo es el que le sale para las 8 horas”. Estas cosas no están planteadas y son elementales porque en la medida que pasan los años hay cosas que las damos por descontadas, pero no, siempre viene nueva gente y no se puede dar nada por descontado.
Con Argentina ha tenido una relación muy estrecha y, también, muy criticada…
–Conozco la historia de este país y tengo bien claro que cuando le fue mal a Argentina a nosotros también. Y las malas relaciones nos terminan perjudicando mucho más a nosotros que a ellos. Porque cualquier gobierno argentino con tomar una simple medida administrativa nos rompe una temporada. Alcanza con que pongan 200 controladores en los pasos de frontera para revisar qué compran los turistas y chau, la gente se va para Mar del Plata. Nos pasó durante el gobierno de Domingo Perón. Entonces no quiero dar cachones para esas cosas. Lo que pasa es que hay mucho antijusticialismo en el Uruguay, la gente tiene derecho, y por la vía de ser antiperonista, se termina siendo antiargentino, pero no. Trato de cultivar buenas relaciones con todo el mundo, estuve en la inauguración del Hotel Colón que era de Mauricio Macri, y yo no sé si mañana no llega al gobierno. Soy amigo de Eduardo Duhalde quien estuvo en mi casa, tengo amigos de todos los pelos en Argentina y los cultivo. No me voy a meter en los pleitos de Argentina, sino podemos con los nuestros. Creo que hay que defender una política de amistad y relaciones ya que por ese camino logramos más que por la vía de las confrontaciones y además porque los países no se mudan.
Aunque hoy tengo claro que Uruguay tiene que subirse al estribo del Brasil porque será una superpotencia de las que corta el bacalao grueso en el mundo.
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