41AosFAPOR RAÚL LEGNANI - en el diario La República

“Fuimos un balcón al frente/ de un inquilinato en ruinas/ el de América Latina”, así cantó Alfredo Zitarrosa en la década del 70, sobre la hora de nuestra realidad como sociedad.
Hoy seguimos siendo un balcón al frente, por la cultura abierta que generan los puertos, pero América Latina ya no es un inquilinato en ruinas. Y es en este marco de transformaciones, que fue precedida por la década de plomo, es que hay que valorar el surgimiento y la consolidación del Frente Amplio, que hoy cumple 41 años de existencia y que cuenta en sus alforjas con dos gobiernos nacionales consecutivos.

En cualquier rincón del mundo donde haya reuniones de fuerzas de izquierda y progresistas, siempre hay alguien que sabe de la existencia del Frente Amplio y de sus particularidades, en especial esa compleja síntesis de experiencias que logró conjugar la difícil ecuación de establecer la unidad en la diversidad.

El solo hecho de que los dos partidos marxistas, el Socialista y el Comunista, hayan coparticipado de proyecto político y programático con fuerzas democráticas y republicanas desprendidas de los partidos tradicionales, junto a la Democracia Cristiana, muestran la lucidez política de sus dirigentes, pero también de la experiencia de amplias capas de la sociedad que resistieron el autoritarismo, después a la dictadura y más adelante supieron construir una opción de gobierno, para en 2004 -con Tabaré Vázquez- llegar al gobierno e iniciar un proceso de transformaciones sustanciales, que hoy continúa José Mujica.

En su propio nacimiento el Frente Amplio contó con la presencia de militares, donde se destacó el general ® Líber Seregni quien en 1971 fue el primer candidato de la coalición de izquierda a la Presidencia de la República y, posteriormente, el líder histórico de esta nueva etapa de la izquierda y el progresismo.

La conjunción de civiles y militares dentro de la fuerza política fue otra de las novedades de esta nueva fuerza política, que tuvo como columna vertebral la unidad y convergencia de la clase obrera y amplios sectores de las capas medias, particularmente de las provenientes de la intelectualidad, el arte y la docencia.

Esta audacia política que llevó a construir el Frente Amplio, estuvo influida por los cambios gestados desde la revolución cubana en 1958, pero que se actualizó con el triunfo de la Unidad Popular chilena, que llevó a Salvador Allende a la Presidencia de ese país.

Pero el FA no fue un calco de la UP. Si bien la izquierda uruguaya tomó nota de la experiencia chilena, su cántico principal no fue el mismo. Mientras en Chile coreaban “la izquierda unida, jamás será vencida”, en Uruguay los frenteamplistas coreaban “el pueblo unido, jamás será vencido”, porque la concepción de los gestores del Frente Amplio fue, desde antes de aquel 5 de febrero de 1971, tratar de incorporar a amplios sectores democráticos a la unidad con la izquierda clásica.

No debe sorprender, entonces, que el surgimiento del Encuentro Progresista en la década del 90, haya nacido de las propias entrañas del Frente Amplio, porque ese es su ADN en materia de construcción de una nueva fuerza política, basada en la unidad y el respeto a la diversidad, siempre dentro del campo de la libertad, la democracia, la justicia social y la autodeterminación de los pueblos.

Otra de las características de la coalición de izquierda uruguaya, por cierto distinta a la de la UP, fue el surgimiento, al poco andar, de los comités de base, que ya los había instrumentado la UP, donde -en el caso uruguayo- permitió nuclear al electorado independiente, que recién rompía con los viejos partidos tradicionales.

Hasta el día de hoy el electorado primero se define como frenteamplista y después adopta o no, a un candidato sectorial. Esto, por cierto, se profundizó después de la implosión del socialismo real.

Luego de siete años de gobiernos progresistas, el Frente Amplio tiene el desafío de recoger la experiencia de ser la fuerza mayoritaria y gobernante del país, pero a la vez plantearse una visión estratégica para el Uruguay de los próximos 20 años, en un mundo que ha perdido un tornillo y que necesita un mecánico.

Desde 2005 a la fecha los cambios, algunos provocados por la acción de los gobiernos de la izquierda y otros por múltiples factores que tienen que ver con las transformaciones culturales y tecnológicas de carácter global, obligan a esta fuerza política a encarar con celeridad una nueva utopía.

Este 27 de mayo habrá elecciones internas para elegir las nuevas autoridades nacionales y departamentales del FA, mediante el voto directo y con adhesión simultánea.

Será esta instancia una prueba de fuego, que de ser refrendada por multitudes podrá crear un nuevo clima de identificación de la gente con la política, lo que será bueno para la izquierda, pero también para un país que exige un sistema político cada vez más democrático y participativo.

Categoría: Regulares

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