AGUERRE ALIMENTOS ALEMANESANÁLISIS en el diario El Observador

La salida del ministro consolidaría la hegemonía del MPP en el agro
EDUARDO BLASINA
Publicado en el diario El Observador

   
    Para buena parte de los analistas políticos y del público urbano, las políticas agropecuarias son un tema menor. Las batallas ideológicas y partidarias que se dan en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) son casi anecdóticas en la definición de la política mayor, que representa el Ministerio de Economía, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, el Poder Legislativo, y otros núcleos de poder que aparentemente tienen mayor dimensión política.
Por eso podría pasar desapercibido el hecho político de que entre los ministros que podrían dejar su cargo en breve esté el de Ganadería, Agricultura y Pesca. Ciertamente no hay en el presidente disconformidad con su desempeño; más bien todo lo contrario.

El esfuerzo político por erosionar la gestión de Tabaré Aguerre, hasta que cansado tire la toalla, parece ser la punta de un iceberg mucho más grande.

Los tupamaros primero y el Movimiento de Participación Popular (MPP), con una sólida formación en estrategia militar, han tenido claro desde hace mucho que la construcción de poder rural es clave para hegemonizar el poder político en Uruguay y ponen más esfuerzo que nadie en esa tarea. Por eso, en estos días de vacaciones de enero, se está librando un episodio clave en esa batalla de décadas por hegemonizar el poder rural en general y el poder en el MGAP en particular. Por eso, el alejamiento de Aguerre, de concretarse, sería una señal de máxima importancia para entender el futuro político uruguayo y la marcha de la campaña electoral interna del Frente Amplio, que ya está en pleno curso, aunque no haga mucho ruido porteras afuera de la fuerza política.

Apenas vuelta la democracia, el MPP empezó a hacer un trabajo muy intenso para captar el agro. Apuntó a hegemonizar la Federación Rural y con los sectores juveniles a hegemonizar la Asociación de Estudiantes de Agronomía.

Pacientemente, Mujica y Agazzi recorrieron cada pueblo, cada reunión de productores, captando militantes rurales del ala izquierda del Partido Nacional, que se había quedado sin Wilson Ferreira Aldunate. Lo hicieron con paciencia y una actitud humilde de escuchar a los productores y prometer, entre otras cosas, que no volvería el temido atraso cambiario. Así fueron convenciendo a buena parte de la clase media ganadera, como Luis Fratti, actual presidente del Instituto Nacional de Carnes.

Desde la Facultad de Agronomía fueron formando cuadros para el futuro, como el subsecretario del MGAP, Daniel Garín, y el actual director del área Forestal, Andrés Berterreche.

Lograda la Presidencia por el Frente Amplio, el MPP puso como máxima prioridad obtener para sí el MGAP y colocó en el cargo a su militante más valioso: el actual presidente José Mujica. Pero atrás de él entraron decenas de militantes que coparon casi todas las estructuras ministeriales. La alta prioridad asignada al MGAP tiene por lo menos tres razones fundamentales: con la nueva lógica de precios agropecuarios, para la mayoría de los sectores el crecimiento está casi asegurado. Por lo tanto, basta con no cometer errores gruesos para que -ante la mirada urbana- el agro sea un sector que crece y el accionar ministerial sea difícilmente cuestionable.

En segundo lugar, permite medidas que con impacto mínimo a nivel económico tienen impacto máximo en la opinión pública. El "asado del Pepe" no cambió en nada el bolsillo de la gente, pero quedó instalado en la cultura popular como una lucha desde el MGAP por defender el bienestar de las capas sociales más necesitadas, algo que nunca había ocurrido desde ese Ministerio, antes solo enfocado a las necesidades de los productores.

Con la misma lógica, el MPP defendió a capa y espada un congelamiento en el precio de la leche al público que duró todo 2010 y buena parte de 2011.

Pero además, el MGAP tiene una influencia regional enorme.

Es el trampolín para políticas que dan presencia en todo el territorio.

José Mujica sorprendió al elegir como ministro a Tabaré Aguerre, un frenteamplista no sectorizado de accionar muy destacado como agrónomo, pero especialmente como empresario. Un emprendedor que construyó una empresa importante desde cero, articulando sinergias con otros empresarios que le dejaban plantar arroz a cambio de que él dejara luego sembradas pasturas. Los arroceros lo llevaron a la presidencia de su gremial, donde ratificó visión y capacidad de ejecución.

El MPP le dio cierto crédito, aunque un empresario rural de escala es siempre alguien de quien desconfiar desde la mirada emepepista. Era alguien que conocía bien Bella Unión, plantaba caña de azúcar y había sido elegido por Mujica.

Pero encomendaron a Daniel Garín, un MPP "duro", a marcar desde la subsecretaría. Garín tiene un doctorado en Europa en alimentación animal, pero básicamente es un militante de disciplina partidaria absoluta. Y ha sido el responsable de seleccionar a la "barra" de mandos medios del MPP, agrónomos de poca actividad en el ámbito empresarial al que ven con desconfianza y que hoy casi controlan el Ministerio.

Tabaré Aguerre exigió autonomía de los criterios de política partidaria para la conformación de su equipo y definir los lineamientos de su gestión y apenas asumido tomó una medida que al MPP le resultó imperdonable: quitó a esa fuerza política el control de la Oficina de Planeamiento y Política Agropecuaria (Opypa), generadora de políticas dentro del Ministerio.

En el primer período de gobierno, el MPP había hecho una purga dentro de ese organismo que tuvo entre sus víctimas más notorias a Juan Peyrou, agrónomo de origen nacionalista, con un pasaje frenteamplista importante, pero que había regresado a la simpatía hacia los blancos, y que ejercía su actividad desde lo técnico. El MPP colocó al comando de la Opypa a Martín Buxedas, un socialista cercano al MPP que alineó a ese organismo a los objetivos políticos del movimiento político.

Aguerre decidió volver a la Opypa a la antigua lógica "técnica" y puso al comando a Carlos Paolino, un académico muy cercano a Fernando Lorenzo, de quien fue compañero en Cinve.

El relacionamiento entre Aguerre y Garín tuvo un deterioro persistente. Uno de sus frutos visibles es la zancadilla política de la que fue víctima Aguerre con el Impuesto a la Concentración de los Inmuebles Rurales, proyecto desarrollado a sus espaldas y a sabiendas de que era directamente opuesto a sus criterios y los del equipo económico.

Hasta que al terminar 2011 el ministro se ha sentido cansado, mientras su subsecretario Garín aspira a ser quien devuelva el dominio completo del Ministerio al MPP, con un apoyo firme, según parece, de Lucía Topolansky. Ante ello se abren tres escenarios: ¿Primará el criterio de apostar a una gestión técnica que ha defendido Mujica y seguirá Aguerre? ¿Predominará el aparato MPP y el criterio de Topolansky y quedará Garín? ¿Se tomará un criterio intermedio y llegará alguien desde afuera como ministro, tal vez el presidente de INIA, Enzo Benech?

Varios aspectos son más que interesantes de la situación planteada. Las posturas de Mujica, quien ha elogiado enfáticamente la gestión de Aguerre, y las de Lucía Topolansky, y de los sectores duros del MPP, como en el tema educación, vuelven a ser divergentes. Vale recordar que mientras Mujica ha apoyado las reformas educativas planteadas por Daniel Corbo, Topolansky las ha torpedeado.

El MPP mira con mucho interés la hegemonía alcanzada en Argentina por el sector peronista montonero liderado por Cristina Fernández y apuesta a la misma fórmula: la persistencia en el poder por medio de la esposa del presidente.

Topolansky lanzó su campaña política explícitamente anunciando que "sería bueno para Uruguay tener una presidenta mujer". Representa una línea diferenciada, a la izquierda de Mujica, que no cree en alianzas de clase (como Mujica), sino en debilitar a las gremiales que no le son afines (ARU, la actual Federación Rural y Cooperativas Agrarias Federadas) y darle poder a las que sí le son funcionales, como la Comisión Nacional de Fomento Rural. En todo caso, el ejemplo argentino muestra que atacar a las organizaciones rurales puede ser un buen negocio electoral.

El Frente Amplio está ya en campaña electoral. Elegirá el presidente de la fuerza política en elecciones a padrón abierto en marzo y allí el MPP siente que se juega mucho en el intento por vencer a Tabaré Vázquez y Danilo Astori, y lograr así instalar a la esposa del presidente como candidata de la fuerza política en las próximas elecciones.

En la historia del Frente Amplio, obtener la mayoría fue el paso previo a la pérdida de influencia. El MPP ha decidido seguir la estrategia kirchnerista para evitar que le pase lo mismo y el MGAP es de gran importancia en esa estrategia. Eso hace difícil que Tabaré Aguerre siga en el cargo. El ministro pierde dinero todos los meses distrayendo esfuerzos en la actividad privada y mira al mar preguntándose, junto a su familia, si vale la pena remar al frente de un Ministerio cuando su segundo rema pero en el sentido contrario. La salida de Aguerre consolidaría la hegemonía MPP en el agro. Abriría el camino a la línea Marenales, que ha advertido pocos días atrás que "el impuesto a la concentración de la tierra es una limosna. Yo quiero más". Por eso, si se concreta la renuncia de Aguerre, podría dar lugar a un escenario que a muchos empresarios del campo es capaz de provocarles insomnio en tiempo de vacaciones. Y que tal vez anticipe el Uruguay de los próximos cinco años con Lucía Topolansky como presidenta.

Categoría: Agro

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