Daniel Vidart
Las reflexiones que dan vida y razón a este ensayo tienen que ver con el tema, hoy tan en boga, de la identidad nacional.
Tanto en nuestro medio como en los de muchos otros países, en particular los del mundo extraeuropeo donde al igual que en América se asentaban los imperios coloniales, se multiplican los congresos, seminarios, cursos y publicaciones acerca de dicha identidad.
Algunas de esas empresas llevadas a cabo en el campo científico y, en consecuencia, auxiliadas por una metodología eficaz, presentan las relativas garantías que la sociología, la antropología y la psicología social pueden ofrecer para que sus investigaciones sean verosímiles, ya que no exactas, dado que las a sí mismas llamadas ciencias sociales todavía no poseen ni el poder resolutorio ni la capacidad predictiva de las ciencias naturales.(1)
Viaje a las raíces
El denominador común de todos estos viajes a las raíces supuesta o efectivamen¬te auténticas de las respectivas culturas nacionales tiene que ver con el inventario, caracterización y rescate de los valores éticos, religiosos, políticos, estéticos, etc. que se han aclimatado coetáneamente en el pueblo y en las mentes esclarecidas, anverso y reverso de la moneda, tantas veces falsa, de la civilización.
Iremos trepando por ascensión capilar las distintas etapas históricas que conoció y padeció nuestra América como doble continente, Ello significa que tendremos en cuenta, a veces como telón de fondo y otras como primer plano – la Doctrina Monroe, por ejemplo- las intervenciones e ideologías de los EE.UU. en su "patio trasero" a partir de la Guerra de Secesión.
Procederemos así para que se tenga en cuenta el creciente embate de las fuerzas arrambladoras y homogeneizantes del consumismo conspicuo, del tironeo económico hacia abajo y del agujero negro del conocimiento.
Estas ventolinas que hoy nos conmueven y condicionan fueron desencadenadas por el huracán que soplaba desde las cosmópolis del poder y el tener, aquellos "países centrales" que hoy sienten los fuertes pasos de un nuevo fantasma que recorre en mundo. La tecnología galopante, la especulación financiera y la dictadura bancaria afectan por igual a las grandes potencias y a las impotencias nacionales que pueblan el planeta.
En nuestro país se han publicado desde hace algunos decenios una serie de estudios que, luego de un impresionante despliegue de citas, en particular de los autores franceses postestructuralistas y deconstruccionistas, dan a luz, como los montes, un minúsculo, ya que no ridículo, ratón.
Sin el auxilio de la antropología de campo y la sociología de pies descalzos "el estado actual del arte" con que los scholars estadounidenses encabezan sus tesis de grado revive los "eruditos a la violeta" de los que se burlaba José Cadalso allá por el año 1772.
De igual modo debe considerarse la tesis de Richard Morse (4) quien, al comparar en bloque los valores culturales de los EE.UU. (Angloamérica) con los de América latina (Hispanoamérica), concede valor de cosa juzgada a los filosofemas de la ensayística y a las intuiciones de los poetas o escritores –a su juicio los más cabales intérpretes del "alma encantada" que Max Weber y los integrantes de la escuela de Frankfurt, esos aguafiestas, declararon obsoleta en el área del capitalismo y la gran industria– en desmedro de las lecturas directas de la realidad.
Ecos y no voces
Morse, que se maneja admirablemente en la atmósfera cerrada de las bibliotecas y posee una escritura elegante y erudita a la vez, en vez de ir a las cosas, como pedía Husserl, desentrañando del caos aparente de los hechos y procesos el hilo conductor de los mismos, se atiene a las disquisiciones de unos pocos opinantes acerca de los caracteres culturales de una América profunda que, contrariamente a lo propuesto por las elites occidentalizantes, es latina a medias.
Morse afirma que Próspero –y Calibán- , en tanto que símbolos culturales, no pueden ser acaparados por las opiniones de tres sociólogos europeos (Max Weber, Adorno, Horkheimer) que caracterizaron la racionalidad de una civilización de mercaderes y militares, ni por Mariátegui o Mario de Andrade en cuanto que catadores criollos de la juventutis mundi todavía vigente en "América Latina". Pero en esta asimétrica América Latina o Iberoamérica de Morse.
Los indios y los negros, no obstante sus formidables legados históricos, no se ven por ninguna parte pues los sofoca –y esto va a cargo de un rancio scholar más apegado a los libros que al talante del imaginario colectivo– la axiología, a su parecer aún vigente, de un fantasmagórico hispanismo ignaciano, patrimonialista y señorial. (5)
Identidad e identificación.
Para caminar con tino en este espinoso y confuso terreno, donde los designata y los denotata de los términos juegan a las escondidas, resulta conveniente efectuar de antemano un planteamiento epistemológico sumario que permita ubicar el asunto dentro de los límites que la lógica y la semántica le imponen.
El primer deslinde a efectuar con respecto a la identidad tiene que ver con su concepto. Dicho concepto no es unívoco, como lo ha demostrado Daniel Lagache, a cuyo pensamiento me remito en los siguientes desarrollos. (5)
En efecto, la identificación supone relaciones de sujeto a objeto y este objeto puede constituir tanto una cosa como un ser viviente. Idéntico deriva de idem, que en latín significa "lo mismo".
¿Lo mismo de qué? En el acto de (auto)identificación opera un elemento subjetivo si se trata de una persona, o una secuela social de aquella dukheimniana "conciencia colectiva" si se trata de un grupo. Esta búsqueda de semejanza, de asunción de ajenos rasgos apetecidos se manifiesta en quien o quienes buscan o fraguan determinada idenificación remitiéndose para ello a un objeto-modelo.
Este tipo de identificación, que se podría denominar normativa, corre por cuenta del juicio de valor emitido por un sujeto inscripto en los marcos referenciales de una cultura regional o local. Un uruguayo contemporáneo, en tal sentido, puede expresar: "yo me siento charrúa" – algunos delirantes indianistas, saltando desde el trampolín de la "identidad" dicen mas aún: "somos charrúas" y punto- o "el paisano ecuestre de nuestro país encarnó una eticidad ejemplar que yo estimo como la verdaderamente representativa del pueblo oriental" o "la tradición africana de mis antepasados negros constituye mi raíz étnica verdadera y aún la de la nacionalidad uruguaya".
Un racismo al revés, el desvarío fundamentalista y la asunción alocada de una identidad fantástica impulsa a estos fanáticos del siglo XXI a fabricar, a puro voluntarismo, ecos y no voces, espejismos étnicos y no espejos de la trietnia mestiza.
El otro tipo, o sea la identificación descriptiva, establecida desde afuera, se determina mediante un juicio de realidad: se identifica una persona o una cosa según la configuración de cualidades que a ella le competen y son, por ende, ajenas al observador. Se trata de la diferencia entre emic y etic establecida por los antropólogos, o sea la cultura x mirada desde adentro o mirada desde afuera.
De tal manera, pasando revista a los efraimitas que negaban su condición, después de ser derrotados en una desastrosa batalla, los galaaditas les hacían pronunciar la palabra shibboleth y quienes, a raíz de las variedades dialectales, lo hacían con un peculiar acento, eran degollados (6). En este caso la identidad querida o reivindicada desde adentro se transforma en identificación otorgada desde afuera: lo endógeno es suplantado por lo exógeno.
Lagache advierte que el término identificación se aplica a relaciones de objeto no solo diferentes sino opuestas. En efecto, la identificación es, de antemano, el acto de identificarse con un objeto, dicho esto en sentido gnoseológico. "Comúnmente se le reconocen dos formas, según que el sujeto desempeñe el papel del objeto o que se le deja desempeñar al objeto su propio papel.
La forma "heteropáthica" [relación intersubjetiva de empatía] y la forma "idiopáthica" [un sujeto absorbe al otro] distinguidas por Max Scheler(7) pueden, con ciertas reservas, ser aproximadas a la introyección y a la proyección de los psicoanalistas. Por nuestra parte, distinguimos entre la identificación aloplástica [conducta que transforma el medio o mundo externo] y la identificación autoplástica [conducta del que se transforma a sí mismo actuando sobre su mundo interno]].
Una tal relación de objeto presenta dos caracteres: 1. ella comporta un grado más o menos grande de confusión entre sujeto y objeto; 2. es una relación de existencia o de coexistencia y no una relación de conocimiento. Pero la identificación es también el acto de identificar un objeto: por ejemplo, se identifica a un criminal, se identifica a un polvo como sulfato neutro de quinina. El acto de identificar presenta caracteres diametralmente opuestos a los del acto de identificarse: 1. se trata de un acto cognitivo y no de un fenómeno existencial; 2. dicho acto lleva al máximo la distinción entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido. En este caso hablaremos de objetivación, reservando el término identificación al acto de identificarse y sus resultados" (8).
Un grupo humano o una persona componente del mismo se identifican con un modelo-objeto asumiendo los valores existentes en él. No son exigibles la coexistencia temporal ni la coetaneidad espacial para proclamar dicha identificación. Cuando los uruguayos apelan a la metafórica "garra charrúa", se remiten a un lejano pasado y a un grupo étnico que nada tiene que ver, desde el punto de vista somático y la herencia cultural, con los descendientes de inmigrantes que componen el grueso de nuestra población nacional.
La "dialéctica del doble movimiento"
En la mayoría de los casos la búsqueda de la identidad es una operación en profundidad, orientada hacia el descubrimiento de las raíces primordiales para confirmar así la perdurabilidad de los rasgos que, según se supone, caracterizan la idiosincrasia y la antropovisión colectivas. Esta congelada visión rechaza el cambio, es misoneísta por excelencia.
El rastreo demorado o la reivindicación vehemente de la identidad personal y grupal responde a la dialéctica de "un doble movimiento", así caracterizado por un pensador francés: "Una obsesión hace presa en nuestra época, saturada de comunicación: la del repliegue de cada uno en su propio territorio, en lo que hace su diferencia, es decir, su identidad separada, propia: sueño de raigambre en el espacio insular de una separación.
Al mismo tiempo, en múltiples círculos se insiste vivamente en proclamar la urgencia de una unidad del Hombre y hasta en recuperar la certeza tranquilizante de una Naturaleza humana. Es decir, de una Identidad Universal del Hombre consigo mismo, en forma, si es necesario, de una subjetividad trascendental" (9).
La (auto) identificación que nos interesa, por otra parte, opera en el plano de los símbolos culturales. En tal sentido, el análisis del elusivo término cultura obliga a un segundo deslinde para aclarar qué quiere decir y qué no quiere decir dicha voz, cargada de resonancias e implicancias desde el doble punto de vista antropológico y sociológico.
Pero quienes esto afirman, y son legión, no saben en realidad qué significa el término cultura.
Referencias bibliográficas.
(1) Pierre van der Berghe. El hombre en sociedad. Un enfoque biosocial. Fondo de Cultura Económica, México, 1984
(2) F.M.Cornford. La filosofía no escrita. Ariel, Barcelona, 1974
(3) Luis Alberto Sánchez. Vida y pasión de la cultura en América. Ercilla, Santiago de Chile, 1936
(4) Richard Mc Gee Morse. El espejo de Próspero: un estudio de la dialéctica del Nuevo Mundo. Siglo XXI, México, 1982
(5) Daniel Lagache. Quelques aspects de l´identification. Bulletin International des Sciences Sociales. UNESCO, Paris, 1955. vol.VII, nº 1, pp.37-46
(6) Biblia. Antiguo Testamento, Jueces, 12,6
(7) Max Scheler, Wesen und Formen der Sympathie, Gesammelte Werke, Band 3, A. Francke Verlag, Bern-München, 1955.
(8) Daniel Lagache. Ibid
(9) Jean-Marie Benoist. Facetas de la identidad. In La Identidad. Seminario interdisciplinario dirigido por Claude Levi-Strauss. Ediciones Petrel, Madrid 1981, p.12.
Daniel Vidart. Antropólogo, docente, investigador, ensayista y poeta.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias
Portal de Noticias TIEMPO| admin@tiempo.com.uy
Sitio web desarrollado por Ciber Taz - Paysandú