jubilado
Con insuficiencias y errores a solucionar, al país le va bien. Reconocimientos internacionales no nos faltan.

Las cifras son elocuentes y es positivo que se difundan, porque tenemos que superar aquella imagen que Onetti reflejaba muy bien cuando le decía a  María Esther Giglio: ¡mirá piba, si Beethoven hubiera nacido en Uruguay, hubiera sido director de la Banda Municipal de Tacuarembó.
                                                                                                                     
  Más allá de que el gobierno proyecta el país de futuro basado en la educación, conocimiento, innovación, tecnología de avanzada, relaciones laborales modernas, seguridad social, etc, no podemos ignorar el desafío a enfrentar en el mediano y largo plazo y del que poco se habla: somos el país más envejecido de A. Latina. 
                                                                                                                                  

 Y ¡oh contradicción! El descenso de la pobreza e indigencia produjo el fomento de la inclusión social, que ha llevado a que seamos el país con mayor cobertura de la región, 77% si referimos a cotizantes de la población económicamente activa ocupada. Cifra que sube casi al 98 %, si hablamos de mayores de 64 años.

No obstante del panorama demográfico surgen interrogantes varias. ¿Será autosustentable financieramente el sistema en el mediano y largo plazo?
 Pregunta que plantea aspectos coyunturales a considerar: ¿son reducidos o no los márgenes que el P. B. I. otorga al sistema?; ¿cuál es la importancia del aporte de Rentas Generales, o el resultado financiero del  I. A. S. S?

En cuanto a los aspectos de fondo, cabe reflexionar que si el proceso de envejecimiento continúa, la relación cotizante - jubilado se irá deteriorando, es decir: habrá menos cotizantes activos y más jubilados.

Resulta imprescindible entonces, con  independencia de que la situación del país origine el aumento de la expectativa de vida, lo que es bienvenido, generar  políticas que favorezcan la natalidad y el regreso de quienes emigraron, gente joven y preparada, proceso este último, que hoy crece constantemente.
Por otra parte es necesario obtener información, definir pautas, metas y líneas demográficas, tratando de anticiparse a las contingencias negativas de futuro, que como decía el inigualable Woody Allen: “Me  interesaba porque es el sitio donde voy  a pasar el resto de mis  días”.  Es que seguir pensando sólo en el presente, constituye un error profundamente político y egoísta, ya que es como pensar sólo en uno mismo.                    

Nos asaltan dudas ideológicas y políticas. Con la situación positiva actual que tiene el país, mi querido Onetti, estamos en camino de ser algo más alegres y extrovertidos, sin duda. El aumento del empleo, del salario real, y el crecimiento de cotizantes a la seguridad social, no hace prever problemas en lo inmediato. Las políticas redistributivas de 2005 en adelante, han incrementado el gasto social, lo que está muy bien, y es digno de aplauso. Fueron 30.000 los nuevos jubilados incluidos en el sistema, consecuencia, entre otras medidas, de la denominada ley de flexibilización de acceso a las jubilaciones. Eso es redistribución de riqueza. Pero no significa dejar de analizar el problema demográfico.     

 Por otra parte, el sistema de ahorro individual, las AFAPS, con  el ordenamiento vigente se ha ido incrementando. ¿No significaría, de persistir la situación, que iría cada vez más dinero para las AFAPS y menos para el pilar solidario?

De hecho, de los fondos recaudados, uno de cada cuatro pesos va para las AFAPS. De ser así,  ¿no se estaría afectando el principio solidario y la inclusión social, objetivos sustanciales de la seguridad como Derecho Humano Fundamental? Como se ve, muchos son los desafíos e interrogantes.

Lo peor que nos podría pasar es actuar como decía, con gran ironía y comicidad Groucho Marx :¿por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mi?  Mejor acudamos a Woody Allen.

Seamos responsables. E insisto: se que Groucho lo decía en broma.

Dr. Jorge R. Bruni.

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